Gabriela Mistral. La revolución mestiza de la Tierra

Codigorojovalparaiso. 10 enero 2022.

 Nueva York, 10 de enero de 1957. Cuatro de la madrugada y 18 minutos. Gabriela Mistral, quien había llegado al mundo 67 años antes en el pueblito de Vicuña, Chile, como Lucila Godoy Alcayaga, moría. Doris Dana, amiga y albacea de la Mistral, relató a que la Nobel había perdido el conocimiento con una sonrisa. Doris Dana, falleció el 28 de noviembre 2017, era una de las personas que mejor la conocía. Fue durante muchos años su gran amiga. La conoció al poco tiempo del suicidio de Yin Yin, el hijo adoptivo de Gabriela, y la acompañó hasta el final. Vivió junto a ella su última etapa en Nueva York, donde la Nobel seguía participando en algunas actividades culturales, a pesar de su deteriorado estado de salud. Su agonía, aunque rápida en su desenlace final, había sido lenta.

Desde el CEFB queremos rescatar entre muchas cosas de Gabriuela Miestral su pensamiento revolucionario

Para ello señalamos un libro de Maximiliano Salinas Campos: “Gabriela Mistral. La revolución mestiza de la Tierra”. Santiago: Editorial Universidad de Santiago de Chile, 2019, 184 pp. ISBN 978-956-303-406-6

Y publicamos una reseña del escrito en www.scielo.cl/pdf/atenea/n523/0718-0462-atenea-523-377.pdf

Salinas Campos, Maximiliano. Gabriela Mistral. La revolución mestiza de la Tierra. Santiago: Editorial Universidad de Santiago de Chile, 2019, 184 pp. ISBN 978-956-303-406-6

MARCIA MARTÍNEZ*

En las profusas imágenes que delinean el levantamiento popular de octubre de 2019 en Chile, hemos visto una en especial: Gabriela Mistral, de pantalones de jeans, polera blanca y pañuelo verde pro aborto libre al cuello, lleva una bandera chilena de color negro y guía al pueblo con un libro en la mano. De alguna forma, el imaginario de esta revuelta trae a las calles del país una nueva figura de Mistral, ya muy lejos de la profesora rural o madre de Chile, y más cerca de una líder cuyo pensamiento, imagen y acción queremos junto a nosotros y nosotras en la lucha por la dignidad. Gabriela Mistral se consolida, así como una figura revolucionaria, líder feminista, callejera, completamente nuestra, brindándonos su fuerza y protección. Desde esta perspectiva reseño el libro Gabriela Mistral. La revolución mestiza de la Tierra del historiador Maximiliano Salinas Campos, parte de la colección Grandes de Chile de la Editorial USACH. El autor nos invita a reconstruir una artista que habita íntimamente en diversas dimensiones, desde su condición de mestiza, rebelde y pacifista. Esta aproximación biográfica dibuja a Mistral con trazos finos y un dedicado trabajo bibliográfico; construye un discurso a partir de citas, epígrafes y pie de página que nos muestran lo que se dice de ella, lo que ella revela, con quien comparte en comunidad, a quién denuesta, qué mundo quiere para el provenir, y qué mundos aborrece.

Esta biografía dista de ser una escritura novelada sobre un personaje destacado desde una autoría objetiva, y se erige como una escritura fragmentaria y polifónica, que en armonioso collage nos cuenta parte de la vida de Gabriela Mistral, a la vez que propone rutas de lectura para poder rodear, que jamás aprehender, el espíritu rebelde, inquieto y amoroso de la artista. De esta forma, el historiador no nos presenta una serie de anécdotas, sino que nos invita a pensar el género biográfico más allá del individuo retratado, y a preguntarnos qué es escribir una vida, lejos de la simple exposición y el comentario.

La estructura del libro consta de una introducción y se tres capítulos, que llaman la atención por estar titulados con sentencias dentro del campo semántico de la luz. El primero es llamado “La luz de la Tierra”, el segundo es nombrado “El alumbramiento mestizo”, y el tercero es señalado como “La llama de la paz”. Cada capítulo está acompañado de epígrafes que enfatizan la proliferación de voces dentro del texto, cuya ruta discursiva está guiada por el diálogo de lo público y lo privado, en una voz coral que a través de diversos autores y autoras acompañan la reflexión que articula el historiador. La Introducción se inicia con una pregunta sobre los atributos de Mistral, lo que evidencia la necesidad de cuestionar las etiquetas con las que se le ha descrito apresuradamente: “Gabriela Mistral, ¿maestra, cónsul, premio Nobel de Literatura?” (p. 10); esta pregunta da cuenta de la complejidad de las dimensiones de la vida de la autora, desde la educación, la política y lo literario. Más adelante, Salinas vuelve a cuestionar “¿Cómo imaginar a Gabriela?” (p. 14), interrogante que se establece como la gran invitación de esta biografía que parte figurándola desde la revolución mestiza de la Tierra (siempre escrita en mayúscula, como el nombre propio de una “sujeta histórica”), en un ejercicio a partir de las voces que la refirieron y de su propia voz, en una pluralidad que hace de este texto uno al que concurren desde las palabras de su madre, Petronila Alcayaga, pasando por las de Inés Echeverría Bello (Iris), hasta las de Roberto Matta o Alfonso Reyes. Políticos, historiadores, artistas, compañeros de trabajo, detractores, admiradores y familia describen a Mistral desde particulares detalles, en alegre plática cada cual más apasionada que la anterior, para descubrir cómo y con qué intuición la amó el pueblo chileno y extranjero, como señala Salinas.

 En el capítulo “La luz de la Tierra”, la vida de Mistral se presenta “envuelta en una presencia sagrada: el esplendor y resplandor de la Tierra (p. 40), y es quien desde su propia voz describe su tránsito por la vida, su familia, su Valle de Elqui y su experiencia íntima y gozosa de la Tierra, en oposición a lo ominoso de la ciudad. Ella se piensa como fierecita de la montaña (p. 48), y a la ciudad como epítome del capitalismo, demostrando el gran valor de ser rural; esto se lee en uno de los epígrafes de la Introducción: –Gabriela, ¿no se queda usted en Santiago? –Jamás. Esta es una ciudad pretenciosa. Me voy a Elqui, mi tierra natal, a criar cabras. La Serena no me gusta. Allí la gente se pone toda tonta. En las aldeas es otra cosa. (p. 9) Atenea 523 379 I Sem. 2021. En este capítulo se defiende la idea de que la Tierra pertenece a todos y todas, ante lo que Salinas sentencia “Gabriela enseña que la principal experiencia colectiva, política, del siglo XX es el acceso común, comunitario a la Tierra” (p. 71). El espíritu indígena de Gabriela Mistral es exaltado en el capítulo “El alumbramiento mestizo”, en donde se afirma que “es parte de la fabulosa condición mestiza de América Latina, esa mutación cultural que inauguró la irrupción de nuevos sujetos históricos y un nuevo discurso geo-histórico, muchas veces difícil de comprender” (p. 78). En este crisol de ascendencias, Mistral es heredera de una cultura heterogénea que la conforma con la riqueza de lo inclasificable. A partir de esto, Salinas sostiene que “Mistral se instala a contracorriente de las ideologías nacionalistas, conservadoras o liberales del siglo pasado que formaron al conjunto de intelectuales, académicos, empresarios y políticos que, particularmente en Chile, minusvaloraron o, a veces, francamente despreciaron la ascendencia indígena” (p. 98). En este capítulo se celebra la civilización del amor y la coexistencia de culturas como fundamento para este nacimiento mestizo.

El libro concluye con el capítulo “La llama de la paz”, el que sustenta una imagen de Mistral más allá del orden que impone la violencia y la guerra de su tiempo, y también lejos del orden civilizatorio y colonial de su época. Aquí asistimos al nacimiento de un pensamiento rebelde, del espíritu revolucionario mistraliano que se erige contra la deshumanización de su contexto, ímpetu que perfectamente podemos replicar en nuestra actualidad. De su experiencia mexicana se dice que “[s]u entrega vital estaba con los pobres, no con el poder” (p. 128), lo que cimenta su ferviente opción por la paz junto al pueblo.

Sobre Gabriela Mistral, pacifista y antifascista, Salinas afirma que “tiene un trasfondo espiritual, de confesión cristiana” (p. 157), raíz que posee como uno de sus orígenes el pensamiento de San Francisco, también mestizo.

Sobre su sensibilidad revolucionaria, el historiador observa que no está “fundada en el resentimiento victimista, característico del binarismo del amo y del esclavo, sino en la autopercepción cultural, en la propia invención de una historia propia, hermosa, liberada” (p. 125), de tal manera que se inaugura una nueva zona para pensar la civilidad, la sociedad y la historia, lejos de la violencia.

Gabriela Mistral. La revolución mestiza de la Tierra finaliza cuando Salinas hace referencia a la espiritualidad de la Tierra hallada por Mistral, por medio de una cita a su poema “Jesús” del libro Ternura: “Ha abierto el corro, sin rumor, / y al centro está hecho resplandor” (p. 91). Así culmina un texto en el que podemos reconocer la revolución mestiza por medio de 380 Atenea 523 I Sem. 2021 polifonías que se entretejen como huellas de una figuración que va más allá de la maestra, la cónsul, la premio Nobel de Literatura. Ella es la revolución, la ternura y la sacerdotisa, siempre contra toda autoridad y régimen; nos asiste su presencia como una fuerza de la naturaleza, con la vehemencia de su pensamiento y sensibilidad, evidente también en su escritura. Un asunto que llama la atención durante todo el libro es la elección de sus adjetivos y el uso de diminutivos cuando se refiere a otros y otras, un aspecto fascinante de la lengua impetuosa y emancipada de Mistral.

 El texto aquí reseñado ilumina una constelación de miradas y palabras que confluyen en la narración de la vida de Mistral, que más que una verdad biográfica es el relato de una búsqueda que se traza desde la literatura, la historia y los testimonios. A modo de una hagiografía rebelde, quien lee emprende esta jornada junto a Salinas, o quizás esta marcha tras la figura de la artista amorosa, pacifista, antifascista, rebelde y luchadora por la paz.

 En Gabriela Mistral. La revolución mestiza de la Tierra, ella se nos presenta como la madre en el poema “La fuga” de Tala; cuando pensamos que la encontramos o la llevamos con nosotras, se nos escapa “siempre por el rosario de los cerros” (p. 13), en una multiplicación infinita de presencias, lo que hace necesario extender miradas como las que ilustra este libro, y también hacer nuestro el brío mistraliano de sentimiento y acción.

 REFERENCIAS

 Mistral, G. (1938). Tala. Buenos Aires: Ediciones Sur. Mistral, G. (2020). Obra reunida. Tomo II Poesía.

Santiago: Ediciones Biblioteca Nacional. Salinas Campos, M. (2019). Gabriela Mistral.

Salinas Campos, M. (2019). Gabriela Mistral. La revolución mestiza de la Tierra. Santiago: Editorial Universidad de Santiago de Chile.

** Doctora en Literatura Latinoamericana. Académica de la Universidad de Valparaíso, Valparaíso, Chile. Correo electrónico: marcia.martinez@uv.cl. Orcid: https://orcid.org/0000-0002-4953-8739 pp. 377-380 ISSN 0716-1840 impresa ISSN 0718-0462 on-line https://doi.org/10.29393/At523-429MMSC10429 378 Atenea 523 I Sem. 2021

 

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