Violencia

Teófilo Briceño. CEFB. Mayo 2022.

Los medios de comunicación sistémicos, los “opinólogos” de todo tipo, junto a políticos, la mayoría, si no todos, están asombrados por los niveles de violencia en la vida diaria del Chile actual.

El presidente Gabriel Boric dijo en Punta Arena que conversó con el presidente de la Unión Demócrata Independiente (UDI) y legislador, Javier Macaya, uno de los representantes de la derecha, respecto a “la necesidad de que transversalmente todas las fuerzas políticas tengamos un acuerdo nacional contra la violencia”, asociando violencia igual delincuencia a raíz de la muerte de un joven carabinero en el marco de un procedimiento policial en el sector sur-oriente de Chillán. Poco se dice que el inculpado hasta ahora es un menor de 16 años.

La prensa mercurial todos los días dedica páginas y páginas a hechos, efectos y medidas o falta de ellas para asumir el tema de la violencia.

Violencia en las protestas sociales, violencia en el Wallmapu, violencia en el norte por la crisis migratoria, violencia en los hechos de delincuencia que cada vez son “más violentos”, violencia en los colegios, violencia en los estadios, violencia en las relaciones de parejas, especialmente jóvenes, violencia en el trato a niños y entre niños, violencia contra adultos mayores, violencia, violencia y más violencia.

Sectores de la izquierda radical se declaran “hermosamente violentos”, asumiendo eslóganes de la “Lira Libertaria”. Su lógica es que, si una protesta social no termina con “barricadas”, no es una protesta eficaz, porque alzar solamente la voz no sirve de nada ante una clase dirigente a la que no le interesan los sufrimientos populares.

Por supuesto, los medios y la casta política – empresarial, no llaman violencia a la pobreza, a los abusos patronales, a las pensiones de miseria o a los bajos sueldos, Tampoco llaman violencia a las injusticias de la “justicia”. Todas las violaciones a los derechos humanos que comete el Estado y sus agentes (sólo el Estado comete violaciones a los DD.HH., de acuerdo a la normativa internacional) no son llamadas violencia. Ellos, los medios y la casta dominante se enfurecen contra la violencia que actúa contra la violencia del Estado.

Chile es una sociedad sumida en la violencia y con ello está instalado ya el miedo y el clamor mediático, repito mediático por el orden, que, sin duda alguna, es muy potente.

La elite, a la cual pertenece el actual gobierno del presidente Boric, asume una de las tesis del filósofo ingles Thomas Hobbes, “El individuo, dice Hobbes, en estado de naturaleza, es malo, el hombre es un lobo para el hombre, y por lo tanto, necesita un poder superior que lo dirija, que lo gobierne, que coarte parte de su libertad, a cambio de seguridad”.

Hay algo común entre la casta dirigente y sus medios de comunicación, que no son tan inofensivos, como quieren hacernos creer los intelectuales sistémicos*, enfocan sus relatos en la foto del momento, no el proceso de la violencia, en el desarrollo de ella, es decir, quieren o dicen que quieren, solucionar el problema, atacando los efectos y no las causa.

Los cierto que la violencia estatal y contra estatal en la sociedad está presente siempre, es cosa de conocer algo de nuestra historia. Esa violencia puede ser mediada, incluso atenuada, pero no eliminada en una sociedad dividida en clases o estratos sociales, si es que a alguien le gusta más la sociología norteamericana. Esta allí de manera física y simbólica, nos acompaña.

El grado de mediación sobre ella cambió fuertemente con el neoliberalismo y la transformación del tipo de sociedad. La casta político empresarial, efectivamente cambió a Chile (que es parte de su relato, de su “orgullo” de aporte al país). Destruyó una sociedad que ya era mala e injusta, y construyó un remedo de sociedad que es peor, más injusta, y que algunos han enmarcado como en un momento de “descomposición social”.

El neoliberalismo acentuó el individualismo hedonista y enfermizo, deconstruyendo el sentido de comunidad colectiva que tenía Chile, que era deficiente y malo, pero que tenía un sentido de identidad con los niveles de solidaridad social que ello conlleva, por ejemplo, la solidaridad campesina. El neoliberalismo, entre otras cosas, destruyó el campo como lo conocíamos.

La institución familia, injusta repito, cumplía una función social muy importante y que fue literalmente destruida por el neoliberalismo que no fue capaz de remplazarla por algo superior o similar. Esto derivó, en pocas generaciones, en infantes y seres humanos deshumanizados, solitarios, faltos de afectos, egoístas, en competencia con los otros, casi ratificando la visión de Hobbs, esta vez como algo creado y no por una supuesta “naturaleza humana”.  En definitiva, individuos no aptos para vivir en sociedad y en comunidad. El reino de sálvese quien pueda.

De manera paralela, fue destruida la educación pública, la cual se convirtió en un precario sistema de “guardería”. Se destruyó o debilitó todo el tejido social, y la idea era dejar al individuo solo frente a los que lo dominan, es decir débil, desvalorizando lo colectivo para hacer así incontrarrestable el poder del patrón o de los poderosos.

Pero un objetivo político de dominación terminó poniendo en cuestión la gobernanza, pues el ser humano no puede vivir solo, necesita vivir en sociedad y en comunidad.

El avance tecnológico, en función de una tecnología hecha para acentuar el individualismo, de mundos virtuales que eliminan a las comunidades reales creando una verdadera matrix funcional al capitalismo reinante, es otro de los factores en esta crisis social.

Son muchos aspectos más, nombro sólo algunas aristas como el predomino de las emociones por sobre la razón, razón que puede ser mediadora de los grados de violencia que nos constituyen como sociedad. Si ella no prima en nuestras relaciones sociales, aparece el animal, más que el ser humano (para mí hay más humanidad en “nuestros hermanos menores” como los llamo San Francisco que en muchos de los actuales chilenos).

Es bien “careraja” la casta política – empresarial cuando aborda el tema de la violencia, pues ellos sembraron vientos, y ahora están cosechando tempestades. Generaron las condiciones para que dentro de nuestro pueblo aparezcan Joker (como en la película de Todd Phillip) donde no hay mucho interés por un nuevo orden social, más bien se quiere venganza; ellos destruyeron la familia; ellos destruyen la educación pública; ellos trajeron una tecnología individualista hedonista;  para reinar minaron cualquier intento de comunidad y organización social y sobre todo dentro de la pobreza generaron un modo de sobrevivencia del más fuerte, permitiendo o acentuando el mundo de la droga, donde la lógica es la misma que la del gran capitalista. Ahora dicen que el Estado está ausente en distintos lugares de Chile. La verdad es que ellos lo retiraron con su modelo.

El Chile antiguo que era malo, cambió para uno peor, están metidos en un lio, este nuevo Chile no puede ser gobernado igual que antes y todavía no descubren cómo hacerlo. Estamos en una sociedad con altos grados de problemas mentales, que funciona sólo con las emociones del momento, una sociedad en que el 60% de sus habitantes vive “empastillado”, angustiado, estresado, con altos grados de suicidios, donde cualquier conflicto se intenta solucionar sin ninguna mediación, por medio de la violencia directa del más fuerte. Es como si las formas de vivir en la “cana” sean ahora las formas de vivir en la calle o en los barrios.

Los de arriba y, sobre todo, las transnacionales, ya optaron por la lógica que sale en las películas de las corporaciones. Se salvan los integrantes de las corporaciones y los otros son zombis. Es una crisis sin fin, que no se puede solucionar con más carabineros o militarizando, porque los zombis siempre se saltaran el cerco.

Los gobernantes de Chile están aprendiendo ya las nefastas gobernanzas de Centro América o de Colombia y Brasil. Tendrán, quizás ya lo hacen, que pactar con los poderes salidos del mundo del hampa.

Los que anhelamos un nuevo Chile, que no nos gusta el antiguo Chile y menos el actual Chile, tenemos que levantar un proyecto, con base en las vivencias comunitarias, que cultive una identidad de los pueblos. Volver a sembrar la razón, la solidaridad, a levantar el nosotros por sobre el individualismo enfermizo. Ardua tarea claro está.

Necesitamos proyectos serios para terminar con la violencia, con los grados grotescos que está adquiriendo. Las soluciones que atacan solo los efectos son inviables y más bien son sólo una operación política para mantener los privilegios de los poderosos que dominan y que ya decidieron que las nuevas gobernanzas de estas democracias “antidemocráticas” implican que gran parte de población sea considerada desechable.

  • Hay toda una teoría que explica que los medios de comunicación tradicionales (TV; diarios, radios) perdieron o están perdiendo su influencia social a manos del poder de las redes sociales, pero obvian u ocultan que el poder de los medios tradicionales, por lo menos en Chile, condicionan a las redes sociales y junto con ello los dueños de los medios de comunicación, incorporaron a su infraestructura mediática a los bots y nuevos personajes como los “influencers”, la forma que adquirió la farándula televisiva.

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